jueves, 5 de mayo de 2016

Borgen. 2010-2013. Serie de TV.

   Si mencionamos los conceptos política y serie de televisión, a la mayoría de espectadores les vendrá a la cabeza dos de ellas: "El ala oeste de la Casa Blanca" y la reciente y aclamada "House of cards". En Dinamarca se produjo otra serie sobre esta temática, mucho menos conocida, que nada tiene que envidiar a esas dos obras estadounidenses. Lo cierto es que probablemente la política danesa sea un terreno mucho más fértil a la hora de construir una trama política. Con apenas seis millones de habitantes, el país nórdico cuenta con hasta ocho partidos con representación parlamentaria, los gobiernos en coalición son la norma e ignoran totalmente lo que significa "bipartidismo". Borgen aprovecha esta realidad, e incluye un completo catálogo de personajes dentro de Christianborg (la sede del Parlamento) que abre un sinfín de puertas para la elaboración del guión.

   En el episodio piloto, el partido moderado no gana las elecciones pero consigue presidir el gobierno gracias a los pactos con otros tres partidos, formando una coalición. Su líder es Birgitte Nyborg, protagonista de la serie y eje central sobre el que va a girar la mayoría del argumento. Se trata de un personaje bien construido, pero sin matices y altamente previsible. En ningún momento va a entrar en contradicciones, lo que hace que el personaje gane coherencia pero pierda atractivo. La serie intenta en alguna ocasión poner algo de suspense sobre qué camino va a seguir Birgitte, cuando está muy claro el comportamiento que va a adoptar en todo momento. Sin embargo, sí es interesante la vulnerabilidad que muestra en bastantes ocasiones. Se va a ver desbordada constantemente por el volumen de trabajo que tiene que gestionar, va a tener severas dificultades para conciliar su vida política con su vida familiar, va a cometer errores y va a sufrir derrotas dolorosas y enormes decepciones.

   Del resto de personajes destacan Katrine Fonsmark y Kasper Juul. La primera es una joven y preparada periodista que presenta uno de los informativos más importantes del país. El segundo es el asesor principal de la primera ministra, con unas enormes habilidades para la lectura política y el trato con los medios. Ambos van a estar recuperando y dejando un antiguo romance, lo que hace que su relación se tense y se relaje durante toda la serie dependiendo del momento en que se encuentren. Con Katrine vamos a atravesar las puertas de una de las principales televisiones danesas, lo que establece una línea argumental paralela a la política que nos muestra el funcionamiento de los medios en Dinamarca. Una especie de "The newsroom" dentro de "Borgen". Va a ser una constante durante toda la serie, la relación de los políticos con los medios y el modo de proceder de éstos, y nos invitará a debatir sobre los métodos, la ética y los límites a los que están sujetos. Kasper, por su parte, sí cuenta con la complejidad que no tiene la protagonista. Arrastra unos traumas desde la infancia que no ha conseguido superar y que iremos descubriendo poco a poco. Su comportamiento es errático y misterioso, y combina la lucidez en su trabajo con un evidente desequilibrio en su vida personal y sus relaciones sociales y sentimentales. Todo está justificado, nada es gratuito ni queda sin explicación con Kasper.

   


   A lo largo de sus 30 capítulos se van a tratar gran parte de los problemas políticos y sociales de cualquier país. Política exterior, impuestos, derecho penal, política económica, ecologismo, gasto militar, los temas van a ser variados y heterogéneos, pero siempre (o normalmente) se abren y se cierran en el mismo capítulo. Ganan mucho en interés aquellos episodios en los que el tema a debate está en conflicto con la vida privada de los personajes. Al personificar una problemática general en la vida de alguno de los protagonistas, se consigue que el asunto resulte mucho más cercano, y tenga mayor transcendencia de la que tendría si se nos expusiera la cuestión de forma genérica. Hay pocos casos de capítulos así en la serie, pero el que afecta a Kasper es especialmente relevante. Si ya de por sí es espinoso el debate de la reducción de la edad de responsabilidad penal, al establecer la conexión con la experiencia personal del personaje hace que se te ponga la piel de gallina (y no digo más).

   Entre esos 30 capítulos, destacan también por encima del resto dos de ellos: la visita de Birgitte a Groenlandia y la mediación internacional en la guerra civil de un ficticio país africano. En el primer caso es donde más "luce" el carácter diplomático y tolerante de la protagonista. Es capaz de ver las palpables diferencias existentes entre el pueblo danés y groenlandés a pesar de la relación institucional y de soberanía que aún existe en la actualidad, y tomar las decisiones idóneas teniendo en cuenta la autonomía identitaria de Groenlandia. En el segundo, en cambio, le va a suponer un grave quebradero de cabeza solucionar un conflicto de esa magnitud. Es probablemente el momento en el que más ayuda va a pedir y necesitar. Los líderes que mantienen el conflicto se instalan en una odiosa peculiaridad en lo que respecta al género, la raza y otros temas que en Dinamarca tienen sobradamente superados. El doble capítulo que nos cuenta esta historia es una buena exposición de cómo orquestar una mesa de negociación. Elegir a los miembros adecuados, el momento y el lugar donde llevar a cabo las reuniones, el idioma en el que deben realizarse, saber qué temas evitar con qué interlocutor, conocer el relato histórico y las características del país y escoger minuciosamente los puntos de conexión entre las dos partes para alcanzar la solución más satisfactoria. Es, probablemente, el momento de más brillantez de esta serie danesa.

   Se echa de menos, sin embargo, la presencia de personajes "cotidianos", en los que ver cómo se traducen las decisiones políticas en el día a día del pueblo danés. No nos lo ofrecen. Vemos infinidad de periodistas y políticos, pero nos quedamos sin ver el reflejo de las decisiones de éstos en las diferentes clases sociales del país. Ni siquiera se le da un protagonismo mínimamente relevante a los agentes sociales. Sindicatos, ONG's, colectivos de protesta, etc, brillan por su ausencia en "Borgen". Personalmente hubiera agradecido la aparición, aunque fuera de forma espontánea, de estos elementos para darle un descripción más global a lo que se quiere contar. Nos encontramos, además, con algunos personajes cuyas historias son tangenciales a la principal y que despiertan poco interés, sobre todo en el ámbito periodístico. En cambio, una de las facetas más interesantes es la vida familiar de Birgitte, y en este caso sí es un entorno enriquecido por los pocos personajes que la forman. Sobre todo Phillip, el marido de Birgitte, refleja perfectamente el reto que supone que tu esposa sea primera ministra. En constante equilibrio entre la comprensión por el nuevo cargo que ella debe ocupar y la frustración que le supone renunciar a algunas de sus aspiraciones profesionales, Phillip hace un loable ejercicio de sacrificio por el bien de su familia.

   Altamente recomendable, con personajes bien construidos, abordando temáticas inusuales en obras audiovisuales, "Borgen" es una radiografía de la política danesa que tiene muchos puntos extrapolables a cualquier país. Y otros que no. Y para un espectador ajeno a la realidad de aquel país es otro de sus atractivos: observar y juzgar las diferencias entre la forma de funcionar allí y lo que estamos acostumbrados a ver y vivir aquí. Para mí, sinceramente, las comparaciones son odiosas. Juzgad vosotros quién sale mal parado de ellas en este caso.


Nota: 8/10

Lo mejor: sus tres personajes principales; un interesante acercamiento a la política de Dinamarca.

Lo peor: algunas ausencias; una lástima no ser danés, seguro que de esa forma se disfruta más.

miércoles, 13 de enero de 2016

Trainspotting. 1996. Danny Boyle.

   Son contadas las ocasiones en las que un film basado en una novela consigue igualar o superar a la obra escrita. "Perdición", "Psicosis", "El Padrino" o, por supuesto, "Trainspotting" son ejemplos que indudablemente lo consiguieron. La clave es conseguir dotar a la película de una identidad y autonomía propias. El error habitual es hacer un simple traslado a imágenes de las palabras, de forma que la adaptación está condenada a ser un producto sin alma, una obra sin personalidad propia. Sin embargo, el cine es perfectamente capaz de hacer servir determinados instrumentos artísticos para que la experiencia de ver el film se diferencie de la de leer el libro. El reparto de actores, los códigos narrativos, la banda sonora o la capacidad de impactar visualmente al espectador son recursos propios del séptimo arte imprescindibles para que la adaptación se emancipe de la obra original. Danny Boyle consiguió reunirlos todos, y de qué forma.

   "Trainspotting" no tiene argumento. O, al menos, no tiene historia. Nos va a mostrar simplemente un grupo de amigos drogadictos (la mayoría de ellos) de Edimburgo sin preocupaciones, metas ni intereses concretos más allá de sobrevivir cada día, tomarse un par de cervezas, hacer unas risas e inyectarse heroína cuando consiguen reunir el dinero suficiente. Lejos de ser, como todas las que tratan el tema de las drogas, un alegato contra éstas, esta película no se limita a hacer un relato sobre las terribles consecuencias de consumirlas. Las vemos, sin duda, pero dentro de una imparcial descripción de dichas consecuencias, en la que también se exponen las no tan terribles ("coge el mejor orgasmo que hayas tenido, multiplícalo por mil... y ni siquiera andarás cerca").





   Cuando acabamos de leer la genial novela de Irvine Welsh, tenemos la sensación de conocer a la perfección a cada uno de los personajes, de prácticamente ser uno más de ellos. El escritor escocés dio en la diana con el tipo de narración: en primera persona de forma rotativa. Esto es, cada capítulo está narrado por un personaje diferente, lo que facilita enormemente el desarrollo de los mismos y la empatía del lector hacia ellos. Obviamente Boyle no podía hacer servir esta técnica, ni falta que le hacía. El personaje más relevante, Mark Renton, va a ser nuestra voz en off, y al resto vamos a conocerlos por sus propios comportamientos y, sobre todo, por la reacción de cada uno ante las actitudes de los demás.

   "Lust for life" de Iggy Pop acompaña al magnífico monólogo existencialista de Renton. Así empieza la película, con un ritmo frenético que no va a abandonar en sus 90 minutos de duración y marcando los cimientos de la forma de vida de nuestra pandilla protagonista. No vamos a tener tiempo de recuperarnos de este arranque, que es como un directo de derecha nada más empezar; el film no nos lo va a conceder, pero con el tiempo nos daremos cuenta de que hemos asistido a uno de los mejores inicios del cine. A partir de ahí lo que vamos a ver es la interacción de media docena de personajes esculpidos perfectamente mediante unos diálogos brillantes, un puñado de situaciones que van desde lo irreverente hasta lo absurdo, algunas impactantes escenas que quedarán en nuestra retina para siempre (ese bebé gateando por el techo...), peleas, traiciones, alcohol, apuestas, robos y droga, mucha droga.



   El elenco al completo está de sobresaliente. Robert Carlyle y Jonny Lee Miller firman unas actuaciones extraordinarias, pero por encima de todos sobresale Ewan McGregor. Es el mejor papel de la carrera del actor escocés. Renton es un personaje muy sui géneris, es muy difícil incluirlo en la clásica y limitada dicotomía bueno-malo. No se puede decir que actúe para perjudicar a sus amigos, pero desde luego tampoco tiene planeado mover un dedo para ayudarles. De hecho, no tiene planeado nada. Va a hacer lo que en cada momento le apetezca o piense que puede generarle un placer o un beneficio sin plantearse ni importarle si alguno de sus colegas va a ser damnificado por culpa de su comportamiento. Que se lo digan si no al pobre Tommy, o a todos ellos al final de la película. Renton no va a causar "activamente" un daño a ninguno de sus amigos, pero tampoco vamos a ver atisbo alguno de remordimiento si sus actos conllevan pasivamente un perjuicio para ellos. Sencillamente no se lo plantea. No estamos ante un personaje inmoral, pero sí tremendamente amoral.

  El resto de personajes son igualmente deliciosos. Sick Boy es un depravado vividor mujeriego cuya gran pasión es Sean Connery; Spud es ingenuo y simplón, no tiene ni pizca de maldad y tampoco de inteligencia; Tommy es probablemente el más normal de todos, es deportista, tiene novia y no se droga (en principio), pero irónica y trágicamente va a ser el que peor suerte va a tener; y Frank Begbie es un psicópata, un violento perturbado que resulta ser uno de los mayores atractivos de la película (sus apodos en la novela son "Franco", "El Generalísimo" y "El Pordiosero").

   La banda sonora es una de sus mayores virtudes. Al ya mencionado Iggy Pop se unen New Order, Lou Reed, Blur o Underworld, entre otros. Cada canción parece haber sido hecha especialmente para el momento de la película en el que suena. 20 años después, aún escuchamos "Born Slippy" en muchas discotecas, y siempre es inevitable que a la cabeza te venga la imagen de Ewan McGregor con esa ridícula camiseta y Travis, de "Taxi driver", detrás. Cada tema encaja perfectamente con la escena en la que suena, es sin duda una de la mejores selecciones musicales para una película.

   Es éste uno de los films más influyentes para toda una generación, y probablemente el más destacado de la década de los 90. Una obra imprescindible del cine europeo que rompió moldes en su día y que huye de la típica moralina de las películas que tratan este tema. Un chute de cine puro que pasa a formar parte de tu vida, y que puedes ver una y mil veces sin dejar de disfrutarla.

"Yo elegí no elegir la vida. Yo elegí otra cosa. ¿Y las razones? No hay razones. ¿Quién necesita razones cuando tienes heroína?"



Nota: 10/10.

Lo mejor: todo, es extraordinaria.

Lo peor: hay que cruzar los dedos para que "Porno", su secuela, esté a la altura.

Otras películas interesantes del director: Slumdog Millionaire, 127 horas, 28 días después.